Crisis, no ruptura: la esperanza de construir un amor duradero.
Tenemos miedo a la palabra crisis, y esconder la cabeza ante los problemas no los resuelve; con frecuencia, acelera la ruptura.
Frente a esa inercia, se nos invita a graduar la mirada: una crisis no es el fin, sino una alteración del equilibrio. Las dificultades, son una oportunidad para madurar y alcanzar un nuevo modo de quererse con más ternura cada día.