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"Una habitación propia. Artistas en la Colección Fundación CAI". Sala i_10

Exposición
Organiza:
Fundación CAI
"Una habitación propia. Artistas en la Colección Fundación CAI". Sala i_10

Desde los años sesenta, y con más fuerza en los setenta, Zaragoza vio multiplicarse sus galerías de arte al calor del crecimiento económico. Abrieron la Sala Baylo (1959), Albiac (1962), Kalós (1963), Galdeano (1967), Atenas (1971) o Berdusán (1973). Por ellas pasaron grandes nombres del arte español junto a jóvenes creadores aragoneses que daban allí sus primeros pasos. Al mismo tiempo surgieron espacios que querían acercar el arte a quienes no entraban en una galería: los arte-bar La Taguara (1973) e Itxaso (1975), la Plaza del Arte o la sala de la Facultad de Filosofía y Letras.

En ese panorama las mujeres ya estaban presentes, como artistas y al frente de los espacios. En 1968, Maite Ubide y Julia Dorado expusieron su obra gráfica en la cafetería de los Almacenes Sepu: si el público no iba a las exposiciones, había que salir a buscarlo. Carmen Berdusán dirigió su propia galería, Pilar Delgado impulsó La Taguara y Clara García Benesenes, junto a su marido Manuel Gomollón, Itxaso. Aun así, que una artista tuviera un espacio solo para ella no era todavía lo habitual.

En 1977, la Caja de Ahorros de la Inmaculada abrió la Sala Luzán en la planta baja de su sede del paseo de la Independencia y la inauguró con la exposición Seis maestros aragoneses del arte actual, con obras de Aguayo, Orús, Saura, Serrano, Victoria y Viola. Fue el principio de cuarenta años de programación ininterrumpida que la convirtieron en un lugar de referencia. Por ella pasaron, entre muchos otros, el Equipo Crónica en 1978, Juana Francés en 1981 o José Guerrero en 1983 y, ya en este siglo, artistas como Daniel Canogar, Mitsuo Miura o Eulàlia Valldosera.

En 1980, Amalia Avia fue la primera mujer con una exposición individual en Luzán. Después llegaron muchas otras: pintoras, escultoras, ceramistas, grabadoras y fotógrafas, algunas ya consagradas y otras que empezaban a abrirse camino. Tras cada muestra, la CAI adquiría una o varias de las obras expuestas, y así ha ido creciendo, exposición a exposición, una colección de arte contemporáneo que hoy supera con creces las 2.000 obras.

La Sala Luzán cerró en noviembre de 2017, con una muestra que repasaba su historia, pero su espíritu continúa. Desde 2019, la Sala i_10 del Centro Joaquín Roncal recoge su legado y mantiene vivo su vínculo con el arte, dando espacio a artistas de distintas generaciones.


Diecinueve artistas

Esta exposición reúne a dieciocho de las artistas que expusieron en la antigua Sala Luzán, a través de algunas de las obras que la Colección conserva de cada una de ellas y que abarcan casi medio siglo de arte español.

Son artistas de generaciones, orígenes y lenguajes muy distintos. Están Juana Francés, miembro fundador del grupo El Paso, y Amalia Avia, una de las grandes voces del realismo madrileño. Encontramos la abstracción de Julia Dorado, Teresa Ramón y Teresa Salcedo, la luminosidad de María Girona, el arte de razón geométrica de Elena Asins o

Soledad Sevilla, y la cerámica de María Bofill, Madola y Elena Colmeiro. Está también la fotografía conceptual de Begoña Montalbán, el misticismo y la belleza femenina de Mapi Rivera y las luces y sombras de Eulàlia Valldosera.

Junto a algunas de las obras se muestran su cartel, su catálogo y las fotografías de su exposición. Son documentos que permiten reconstruir aquellos días y recordar que detrás de estas piezas de la colección hubo una muestra, un montaje y un público.

En 1929, Virginia Woolf escribió que una mujer necesita dinero y una habitación propia para poder crear. Reclamaba algo muy concreto: tiempo, independencia y un espacio donde trabajar sin tener que pedir permiso.

Durante unas semanas, la Sala Luzán fue la habitación propia de cada una de estas artistas: un espacio entero dedicado a su obra. A ellas se une Marta Bernad, que ha expuesto en la Sala i_10 en 2026 y cuya obra amplía la Colección CAI. Hoy, por primera vez, se encuentran todas en un mismo lugar.

Amalia Avia (Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 1926 – Madrid, 2011). Figura destacada del realismo madrileño, junto a Antonio López, Isabel Quintanilla o María Moreno, retrató calles, fachadas de comercios y casas vacías, atendiendo a las huellas del tiempo y a la memoria de una ciudad en transformación. Sus escenas, de tonos sobrios y cargadas de melancolía, evocan la presencia humana a través de sus ausencias. En 1980 fue la primera mujer artista en exponer individualmente en la Sala Luzán, donde presentó Segovia.

Juana Francés (Alicante, 1924 – Madrid, 1990). Fue la única mujer entre los miembros fundadores de El Paso, grupo clave en la renovación informalista del arte español. Su trayectoria evolucionó desde la abstracción matérica, construida mediante texturas y arenas, hacia una figuración crítica en la que seres humanos aparecen atrapados en entornos urbanos y tecnológicos, convertidos en símbolos de la sociedad contemporánea. Situaciones (1974) pertenece a esta etapa. Expuso en la Sala Luzán en 1981.

Marta Cárdenas (San Sebastián, 1944). Pintora de la naturaleza y el paisaje, trabaja a partir de la observación directa del entorno, que transforma mediante una progresiva síntesis de las formas y una particular sensibilidad hacia la luz y el color. Bosques, jardines y lugares concretos protagonizan unas composiciones de pincelada libre y carácter lírico, a menudo desarrolladas en series. Bosque de Thibault (1986) pertenece a esta etapa. En 1989 expuso en la Sala Luzán de Zaragoza.

Soledad Sevilla (Valencia, 1944). Su participación en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, entre 1969 y 1971, marcó una etapa decisiva en su investigación sobre la geometría y las estructuras modulares. A partir de tramas y retículas, desarrolló un lenguaje abstracto que fue incorporando progresivamente la luz, el color y las referencias al paisaje y la arquitectura. Recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1993 y el Premio Velázquez en 2020. Expuso en la Sala Luzán en 1991.

Julia Dorado (Zaragoza, 1941). Referente de la abstracción aragonesa, ingresó con catorce años en la Escuela de Artes Aplicadas de Zaragoza. En 1963, con apenas veintiún años, se incorporó al Grupo Zaragoza. Su obra, marcada inicialmente por el informalismo, ha transitado entre la abstracción y la figuración, con una investigación constante sobre el color, la materia y el gesto. En 2012 recibió el Premio Aragón-Goya. Presentó Pretextos en la Sala Luzán en 1992.

María Girona (Barcelona, 1923 – Barcelona, 2015). Pintora clave de la renovación artística catalana de posguerra, participó en los movimientos que impulsaron nuevos lenguajes plásticos desde los años cuarenta. De raíz mediterránea y con influencias de Matisse, desarrolló una figuración personal, caracterizada por la sencillez formal, el lirismo y una paleta de colores matizados. Paisajes, flores e interiores cotidianos se convierten en escenas de serena intimidad. Su obra Balneario (1992) fue adquirida tras su exposición en la Sala Luzán en 1994.

Teresa Salcedo (Huesca, 1952). Su pintura explora la naturaleza a través de aves, flores, árboles y paisajes tratados con delicadeza y sutileza. Mediante tonos grises, blancos apagados y colores pálidos, crea atmósferas silenciosas que invitan a detener la mirada y prolongar la contemplación. Su obra, influida por la sensibilidad de la pintura oriental, evoca la belleza cambiante del entorno y el paso del tiempo. En 1994 presentó Zeitgeist en la Sala Luzán de Zaragoza.

Elena Asins (Madrid, 1940 – Azpiroz, Navarra, 2015). Pionera del arte computacional en España, participó en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, donde investigó las posibilidades creativas de la tecnología. Su obra, de rigor matemático y depuración formal, se construye mediante estructuras geométricas, series, repeticiones y variaciones, hasta alcanzar una austeridad radical. En 2011 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Su exposición Menhires llegó a la Sala Luzán de Zaragoza en 1996.

Pilar Urbano (Zaragoza, 1942). Se formó en la Academia Cañada y en el estudio de José Luis Cano, ampliando estudios en Barcelona y París. Su trayectoria evoluciona desde la figuración hacia la abstracción lírica y expresionista, incorporando progresivamente elementos constructivistas, texturas y materiales diversos. La tierra y el paisaje aragonés constituyen referencias esenciales de una pintura que combina emoción, materia y reflexión sobre el entorno. En 1998 presentó en la Sala Luzán de Zaragoza El orden del espacio.

Teresa Ramón (Lupiñén, Huesca, 1945). Su trayectoria parte del surrealismo y deriva hacia un realismo de connotaciones mágicas, con paisajes y figuras femeninas, para después incorporar símbolos y formas antropomórficas. Recientemente el laberinto es su símbolo central, de intenso color y abstracción geométrica. Recibió el Premio Aragón Goya en 2015. En 2000 presentó en Luzán Mutaciones, de la que procede Puramente irracional.

Gloria Alcahud (Valladolid, 1931 – León, 2024). Pintora lírica de la generación de los cincuenta, se formó en León, Madrid y París. En 1970 residió en Ámsterdam con una beca de la Fundación Juan March. Establecida en Villaquejida (León), desarrolló una pintura de carácter poético y contemplativo, próxima a la abstracción, con grandes lienzos de dominante azul, sutiles veladuras y delicadas texturas. Su obra evoca paisajes imaginarios donde la luz, el color y la materia crean atmósferas sugerentes. En el año 2000 presentó Atmósferas en Luzán.

Pilar Viviente (Madrid, 1958). Artista multidisciplinar, doctora en Bellas Artes y representante de la generación reflexiva de los años noventa. Formada en la tradición artística catalana, su trayectoria abarca pintura, fotografía, instalación y arte digital. Su lenguaje combina abstracción, con el informalismo, explorando la luz, el color y los patrones simbólicos. Su obra se ha expuesto internacionalmente y está presente en la colección del MACBA. Presentó In Natura en Luzán en 2002.

María Bofill (Barcelona, 1937 – Barcelona, 2021). Ceramista de reconocido prestigio internacional, se formó en la Escola Massana de Barcelona, donde ejerció como profesora entre 1965 y 2002, y amplió estudios en Inglaterra y Japón. Especializada en porcelana, desarrolló un lenguaje escultórico de gran delicadeza, basado en formas depuradas que evocan cuencos, laberintos, zigurats y pequeñas arquitecturas. Inspirada en la naturaleza y el paisaje, exploró la luz, el vacío y la geometría, convirtiendo la cerámica en poesía material. Expuso junto a Madola en 2003.

Madola (Barcelona, 1944). María Àngels Domingo Laplana es ceramista, escultora y pintora formada en la Escola Massana. Expuso por primera vez en 1966, en el Ateneu Barcelonès, con un texto de Salvador Espriu. Su obra fusiona la tradición cerámica milenaria con un lenguaje contemporáneo de formas orgánicas, volúmenes arquitectónicos y texturas terrosas que evocan la arqueología y el paisaje mediterráneo. Destacan sus cuarenta piezas inspiradas en Espriu en el cementerio de Arenys de Mar.

Elena Colmeiro (Silleda, Pontevedra, 1932 – Madrid, 2021). Ceramista y escultora, fue una figura fundamental en la renovación de la cerámica contemporánea española. Evolucionó desde la cerámica tradicional hacia la abstracción y la escultura informalista. Sus obras destacan por sus volúmenes rotundos, formas orgánicas y composiciones arquitectónicas, en las que explora la materia, el vacío, la textura y el equilibrio. Expuso en Luzán en 2004.

Eulàlia Valldosera (Vilafranca del Penedès, Barcelona, 1963). Artista multidisciplinar de proyección internacional. Su obra combina instalaciones, vídeo, fotografía y proyecciones lumínicas para explorar el cuerpo, la identidad, la intimidad y las relaciones humanas. Mediante objetos domésticos, luces y sombras, transforma lo cotidiano en imágenes de gran fuerza poética y simbólica, cuestionando los roles de género y los vínculos afectivos. En 2006 presentó en la Sala Luzán de Zaragoza Espacios de trabajo.

Begoña Montalbán (Bilbao, 1958). Su obra combina fotografía e instalación para explorar la identidad, el cuerpo, el tiempo y la memoria desde la experiencia personal. Sus imágenes, a menudo de gran formato, presentan figuras difuminadas y atmósferas silenciosas que evocan la ausencia, la intimidad y la fragilidad humana. Su trabajo forma parte de las colecciones del Museu de Granollers y del Museu de Reus. En 2007 expuso en la Sala Luzán de Zaragoza.

Mapi Rivera (Huesca, 1976). Fotógrafa que parte del diálogo de su cuerpo con la luz y una naturaleza, a menudo extrema, para trasladarnos a una atmósfera espiritual que vincula con la oración. Mediante imágenes de gran fuerza poética, combina recursos digitales y paisajes naturales para hacer visible lo intangible. Su trabajo vincula creación, imaginación y experiencia visionaria, en diálogo con la tradición mística. En 2012 presentó Heliosis en la Sala Luzán de Zaragoza.

Marta Bernad (Zaragoza, 1983). Formada en la Academia Atrium de Zaragoza con Javier Rodríguez, se dedica plenamente al arte desde 2020, tras una década en el marketing. Su obra combina pintura y grabado, explorando el color, las formas y las texturas mediante un proceso que integra intuición, precisión y azar. Tras una residencia en Japón, incorporó el mokuhanga, técnica tradicional de xilografía con tintas al agua sobre papel washi. En 2026 presentó Elementa, su primera exposición individual en Zaragoza, en la Sala i_10 del Centro Joaquín Roncal.

Organiza: Fundación Caja Inmaculada

Comisariado: Sara Arruga Vázquez, Sara Gimeno Laporta y Myriam Monterde Maldonado Coordinación: Sara Arruga Vázquez, Sara Gimeno Laporta y Myriam Monterde Maldonado Textos: Sara Arruga Vázquez

Diseño y maquetación: Tropical

Fotografías: Archivo Fundación Caja Inmaculada Montaje: S.E. Fadrique

Transporte: Robert

Agradecimientos: María Luisa Grau Tello

"Una habitación propia. Artistas en la Colección Fundación CAI". Sala i_10
Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia